La OCDE ha publicado en 2026 Incubation in Entrepreneurial Ecosystems: Hatching Growth, un informe de más de 160 páginas dedicado a analizar cómo están evolucionando las incubadoras y aceleradoras, qué servicios aportan realmente valor a las startups y qué deberían hacer las políticas públicas para mejorar su impacto.
Aunque no es un informe específicamente dedicado a la educación emprendedora, muchas de sus conclusiones permiten reflexionar sobre cómo desarrollamos hoy las competencias emprendedoras en colegios, universidades y programas de apoyo al emprendimiento.
A primera vista, el documento parece dirigido fundamentalmente a responsables de políticas públicas, incubadoras o agencias de desarrollo económico. Pero hay otra lectura posible:
¿Qué nos dice este informe sobre cómo deberíamos enseñar emprendimiento?
La pregunta es pertinente porque buena parte de aquello que la OCDE identifica como valioso durante la incubación: experimentación, mentoring, aprendizaje entre iguales, conexión con agentes externos, desarrollo de competencias o seguimiento de hitos, son también ingredientes fundamentales de una educación emprendedora eficaz.
Y esa conexión resulta especialmente interesante en un momento en el que España, y Andalucía en particular, están reforzando las políticas y programas vinculados al emprendimiento.
Por tanto, quizá sea un buen momento para preguntarnos no sólo cuánto emprendimiento enseñamos, sino cómo lo estamos enseñando.
El primer aprendizaje: emprender no consiste en aprender contenidos sobre emprendimiento
Uno de los capítulos más interesantes del informe analiza las competencias necesarias para crear y desarrollar una empresa.
Para ello recupera, entre otras referencias, el marco europeo EntreComp, que organiza la competencia emprendedora alrededor de tres grandes ámbitos:
- identificar ideas y oportunidades;
- movilizar y gestionar recursos;
- transformar las oportunidades en acción.
Pero el informe va más allá de las herramientas empresariales tradicionales. Incorpora comunicación, autonomía, planificación, colaboración, gestión del conflicto, resolución de problemas, pensamiento crítico, liderazgo o capacidad para actuar en situaciones de incertidumbre.
Esta distinción es importante.
Durante demasiado tiempo, enseñar emprendimiento ha podido interpretarse como enseñar a completar determinadas herramientas: realizar un Canvas, calcular costes, preparar un plan de empresa o presentar un pitch.
Todas ellas pueden ser útiles.
Pero saber completar un Business Model Canvas no convierte automáticamente a alguien en competente para emprender, de la misma manera que conocer las reglas del fútbol no convierte a alguien en futbolista.
La competencia aparece cuando tenemos que actuar.
Cuando hay que decidir con información incompleta. Cuando tenemos que hablar con alguien que no conocemos. Cuando una hipótesis resulta equivocada. Cuando dos miembros del equipo no están de acuerdo. Cuando descubrimos que nuestra primera solución no interesa al usuario. Cuando tenemos diez tareas posibles y debemos decidir cuál hacer primero.
Ahí comienza realmente el aprendizaje emprendedor.
Educación emprendedora: de aprender sobre emprendimiento a aprender emprendiendo
La OCDE diferencia distintos formatos de formación dentro de incubadoras y aceleradoras: sesiones formativas, talleres, mentoring individual, entornos virtuales o bootcamps intensivos.
Pero resulta especialmente significativo que recomiende programas con un importante componente de learning by doing, experimentación y trabajo aplicado, limitando el peso puramente expositivo.
Esto conecta directamente con una cuestión central de la educación emprendedora.
Hay una enorme diferencia entre:
aprender sobre emprendimiento
y
aprender emprendiendo.
En Teachabiz intentamos trabajar precisamente desde esta segunda lógica.
Cuando planteamos un reto, un Startup Day, un bootcamp o un programa de varias semanas, el proyecto empresarial no es únicamente el resultado final de la actividad.
Es, sobre todo, el vehículo pedagógico.
- Crear una propuesta obliga al alumnado a investigar.
- Trabajar en equipo obliga a negociar.
- Validarla obliga a salir de nuestras propias certezas.
- Prototipar obliga a concretar.
- Construir un modelo económico obliga a entender recursos y restricciones.
- Presentarlo obliga a ordenar el pensamiento y comunicar.
- Y recibir feedback obliga a revisar aquello que creíamos correcto.
El emprendimiento se convierte así en un contexto especialmente fértil para desarrollar competencias que tienen valor incluso para una persona que nunca cree una empresa.
Ese matiz es esencial.
Educación emprendedora no significa fabricar emprendedores.
Significa desarrollar personas más capaces de detectar oportunidades, movilizar recursos, colaborar con otras personas y transformar ideas en acciones.
Un bootcamp puede ser educativo. Un evento por sí solo no necesariamente
El informe identifica los bootcamps como un formato habitual: programas cortos e intensivos, desarrollados durante varios días, destinados a aumentar conocimientos, motivación y competencias emprendedoras.
Esto resulta especialmente relevante para formatos como hackathons, Startup Days, ideathons o incluso Startup Weekend.
La intensidad puede ser una virtud educativa.
Concentrar el proceso obliga a tomar decisiones, priorizar, producir y mostrar resultados.
Pero también existe un riesgo: confundir intensidad con impacto.
Podemos organizar una jornada espectacular, llenar una sala, producir decenas de proyectos, hacer fotografías, entregar premios y obtener una valoración excelente de las personas participantes.
Y aun así saber muy poco sobre lo que han aprendido.
Ahí aparece otra de las enseñanzas del informe.
La OCDE insiste reiteradamente en la importancia del seguimiento, los hitos y la evaluación de resultados, tanto para las empresas participantes como para los propios programas de incubación.
Trasladado al ámbito educativo, esto obliga a cambiar algunas preguntas.
En vez de limitarnos a:
¿Cuántos alumnos participaron?
podríamos preguntarnos:
¿Qué eran capaces de hacer después que no podían hacer antes?
- ¿Han aprendido a identificar mejor un problema?
- ¿Saben formular y contrastar una hipótesis?
- ¿Son capaces de organizar un proyecto?
- ¿Han mejorado su comunicación?
- ¿Entienden mejor cómo funciona una empresa?
- ¿Toman decisiones con mayor autonomía?
La actividad importa.
Pero la actividad no debería confundirse con el aprendizaje.
El informe plantea además una advertencia interesante: no todo puede ser ideación
Otra conclusión especialmente relevante aparece cuando la OCDE analiza los contenidos habituales de los programas de incubación.
Muchos se concentran en descubrir oportunidades, validar problemas, diseñar modelos de negocio y utilizar herramientas como el Business Model Canvas.
Todo eso es importante.
Pero la OCDE señala que existe otra mitad del proceso que recibe menos atención: la explotación de la oportunidad.
Es decir, ejecutar.
- Gestionar.
- Coordinar equipos.
- Organizar recursos.
- Vender.
- Liderar.
- Modificar una idea cuando la realidad la contradice.
El informe señala específicamente que liderazgo y habilidades directivas deberían recibir mayor atención y que determinadas competencias se desarrollan mejor mediante aprendizaje experiencial y coaching que mediante formación exclusivamente teórica.
Este desequilibrio también puede observarse en educación emprendedora.
Resulta relativamente sencillo organizar una actividad en la que el alumnado genere ideas.
Mucho más difícil es acompañarlo suficientemente lejos para que descubra las consecuencias de ejecutarlas.
Por eso una educación emprendedora madura probablemente necesite trabajar las dos dimensiones:
explorar oportunidades y aprender a ejecutarlas.
En Teachabiz esa idea está también detrás de SCALAE: no detener el aprendizaje en la aparición de una idea, sino avanzar desde su sentido y contexto hasta el análisis, la acción, la arquitectura del proyecto y eventualmente su escalado.
El objetivo no es producir planes empresariales perfectos.
Es enseñar a hacer avanzar proyectos reales bajo condiciones de incertidumbre.
Mentoring: menos respuestas y mejores preguntas
La OCDE dedica un capítulo completo al coaching y mentoring.
Y una de sus conclusiones más interesantes es que su valor no reside simplemente en colocar a una persona experimentada delante del emprendedor para que le diga qué debe hacer.
El buen coaching ayuda a definir objetivos, confrontar supuestos, reflexionar sobre las decisiones, establecer acciones y revisar posteriormente lo ocurrido.
El coach actúa en ocasiones como una especie de espejo: ayuda al emprendedor a detectar la distancia entre aquello que dice querer conseguir y aquello que realmente está haciendo.
Esto tiene también una lectura educativa.
Un buen mentor no debería convertirse en la persona más inteligente de la mesa que resuelve el proyecto por el equipo.
Si lo hace, probablemente mejore el proyecto.
Pero quizá empeore el aprendizaje.
La pregunta correcta no siempre es:
¿Cómo puedo ayudarles a obtener una solución mejor?
Puede ser:
¿Qué pregunta puedo hacer para que sean ellos quienes descubran qué deben comprobar a continuación?
Esta filosofía resulta especialmente importante cuando trabajamos con jóvenes.
Hay momentos para enseñar.
Hay momentos para aconsejar.
Pero también debe existir espacio para equivocarse, comprobar y reconstruir.
La educación emprendedora necesita fricción.
Si eliminamos toda la dificultad, eliminamos también buena parte del aprendizaje.
El ecosistema también educa
Quizás la gran tesis transversal del informe sea la evolución de las incubadoras.
La OCDE sostiene que las mejores están dejando de ser simples proveedoras de oficinas, formación y servicios para convertirse en hubs del ecosistema emprendedor.
Su valor reside cada vez más en conectar a las startups con:
- clientes;
- otras empresas;
- inversores;
- universidades;
- investigadores;
- administraciones;
- especialistas;
- mentores;
- proveedores.
La OCDE diferencia dos grandes funciones de la incubación: buffering y bridging.
El buffering proporciona temporalmente conocimientos, servicios o recursos que una organización todavía no posee.
El bridging crea puentes hacia aquellos actores externos de los que la empresa terminará dependiendo.
Probablemente esta sea una de las ideas que más deberíamos trasladar a la educación emprendedora.
Un centro educativo puede enseñar mucho sobre empresas.
Pero difícilmente puede reproducir dentro de sus paredes toda la complejidad del ecosistema empresarial.
La solución no es intentar hacerlo.
La solución es abrir puertas.
- Introducir empresarios y empresarias en los programas.
- Trabajar sobre retos reales.
- Conectar proyectos con profesionales.
- Visitar organizaciones.
- Incorporar mentores.
- Hacer que determinados pitches sean escuchados por personas externas al aula.
- Relacionar universidad, empresa, administración y sociedad.
Todo ello apunta hacia una concepción más amplia de la educación emprendedora: no como transmisión de contenidos empresariales, sino como desarrollo progresivo de competencias mediante experiencias, proyectos, relaciones y contacto con problemas reales.
Educación emprendedora y ecosistema emprendedor en Andalucía: el reto de la continuidad
Andalucía cuenta hoy con universidades, programas públicos, incubadoras, asociaciones empresariales, parques tecnológicos, eventos, redes profesionales, iniciativas educativas y organizaciones de apoyo al emprendimiento.
Además, las políticas públicas continúan reforzando este ámbito.
La Estrategia Andalucía Emprende 2024-2027 sitúa entre sus prioridades la iniciativa emprendedora, la transformación del entorno y el desarrollo de personas y conocimiento.
La cuestión, por tanto, probablemente no sea únicamente crear más iniciativas.
Puede ser conectarlas mejor.
- Un estudiante participa en una actividad.
- Un equipo desarrolla un proyecto.
- Una startup entra en una incubadora.
- Otra participa en un concurso.
- Una universidad crea un programa.
- Una administración concede una ayuda.
- Una asociación organiza un evento.
La verdadera potencia del ecosistema aparece cuando esos puntos dejan de ser episodios independientes y empiezan a constituir trayectorias.
- Educación.
- Experimentación.
- Mentoring.
- Incubación.
- Financiación.
- Mercado.
- Comunidad.
No todo participante recorrerá ese camino completo.
Ni debería hacerlo.
Pero debería poder existir.
En Andalucía, este enfoque plantea una oportunidad especialmente interesante: conectar mejor el sistema educativo con el ecosistema emprendedor real.
No para convertir cada aula en una incubadora, sino para asegurar que los programas de educación emprendedora tengan acceso a profesionales, empresas, instituciones, mentores y contextos reales.
Especializar también puede mejorar la calidad
Otra tendencia internacional identificada por la OCDE es la creciente especialización de incubadoras y aceleradoras.
Existen programas especializados por sectores, tecnologías, colectivos o fases de desarrollo. La especialización permite concentrar conocimiento, mentores, infraestructura y conexiones especialmente relevantes para un determinado tipo de proyecto.
También aquí existe una lección para educación.
No toda experiencia de emprendimiento tiene que ser genérica.
Un reto de turismo puede conectarse con empresas turísticas.
Uno de logística, con operadores y puertos.
Uno relacionado con sostenibilidad, con organizaciones que trabajan sobre transición energética o economía circular.
Uno tecnológico, con especialistas capaces de cuestionar su viabilidad.
Cuanto más real sea el contexto, más posibilidades existen de que la actividad deje de parecer un ejercicio académico.
Pero la OCDE introduce una precaución relevante: especializar sólo tiene sentido cuando existe alrededor suficiente conocimiento, demanda, instituciones y agentes capaces de alimentar esa especialización.
Una etiqueta temática no crea un ecosistema.
Las relaciones sí.
¿Y qué dice realmente la evidencia?
También conviene no convertir el informe en algo que no es.
La propia OCDE reconoce que la evidencia sobre impacto de incubadoras todavía presenta limitaciones importantes.
Los programas son muy distintos entre sí, cuesta construir grupos de control adecuados y no siempre existen objetivos y métricas suficientemente claras.
Aun así, algunas investigaciones resultan sugerentes.
Por ejemplo, el informe recoge un estudio sobre Start-Up Chile que encontró efectos positivos cuando el programa incorporaba formación emprendedora. En aquella investigación, participar en el componente educativo aumentaba la probabilidad de conseguir financiación adicional aproximadamente un 21%.
El efecto no aparecía simplemente proporcionando dinero o espacio de coworking.
No significa que podamos afirmar que «la educación emprendedora aumenta un 21% la financiación».
Sería una interpretación incorrecta.
Lo relevante es otra cosa:
el diseño del programa importa.
De hecho, otro estudio recogido por la OCDE estima que entre un 11% y un 14% de las diferencias de rendimiento entre startups podían explicarse por diferencias entre los propios programas de aceleración.
No basta, por tanto, con poner personas emprendedoras dentro de un programa.
Del mismo modo que no basta con poner estudiantes dentro de una actividad denominada «emprendimiento».
- Importa qué hacen.
- Con quién.
- Durante cuánto tiempo.
- Qué feedback reciben.
- Qué deben producir.
- Qué deben comprobar.
- Y qué ocurre después.
Algunas conclusiones que nos llevamos a Teachabiz
Leer este informe desde la educación emprendedora refuerza varias convicciones con las que trabajamos.
La primera es que el emprendimiento se aprende fundamentalmente haciendo. Las herramientas son importantes cuando sirven para tomar decisiones, no cuando se convierten en el objetivo de la actividad.
La segunda es que necesitamos proyectos suficientemente reales. No necesariamente empresas reales, pero sí problemas, restricciones, usuarios, decisiones y consecuencias que obliguen a los participantes a actuar.
La tercera es que el mentoring forma parte del aprendizaje. No para proporcionar todas las respuestas, sino para ayudar a formular mejores preguntas, detectar puntos ciegos y convertir reflexión en acción.
La cuarta es que la conexión con el entorno no debería ser un elemento decorativo. Profesionales, empresas, instituciones y comunidades pueden convertirse en recursos pedagógicos.
Y la quinta es que debemos empezar a medir mejor. No solamente satisfacción y participación, sino evolución de competencias, decisiones, proyectos y, cuando corresponda, trayectorias posteriores.
Desde Teachabiz trabajamos precisamente en esa intersección entre educación, emprendimiento y experiencia práctica: desde actividades intensivas hasta programas más prolongados, adaptando el nivel de autonomía, experimentación y acompañamiento a la edad, al contexto y a los objetivos de cada organización.
Pero quizá la principal conclusión del informe no sea comercial ni metodológica.
Es sistémica.
Deberíamos dejar de pensar la educación emprendedora como una asignatura aislada
Si las mejores incubadoras están evolucionando hacia nodos capaces de combinar aprendizaje, acompañamiento y ecosistema, quizá los programas educativos de emprendimiento deban recorrer una evolución parecida.
La educación formal tiene capacidades extraordinarias.
Pero no tiene que hacerlo todo.
Una universidad no necesita convertirse en un fondo de inversión.
Un colegio no necesita convertirse en una incubadora.
Una incubadora no necesita convertirse en una universidad.
Una asociación empresarial no necesita sustituir al profesorado.
Lo interesante aparece cuando cada actor aporta aquello que sabe hacer y construimos interfaces entre ellos.
Ahí probablemente se encuentre uno de los grandes retos para Andalucía durante los próximos años.
Tenemos actividades.
Tenemos instituciones.
Tenemos talento.
Tenemos programas.
Tenemos cada vez más políticas de apoyo.
La siguiente pregunta es si seremos capaces de convertir todo eso en un ecosistema donde aprender a emprender sea también aprender a relacionarse con el mundo en el que los proyectos tendrán que existir.
Y quizá ésa sea una buena definición de educación emprendedora para los próximos años:
No enseñar a escribir sobre proyectos, sino crear las condiciones para que las personas aprendan a convertir ideas en acción, contrastarlas con la realidad y movilizar a otras personas para hacerlas posibles.
Sobre el informe
Incubation in Entrepreneurial Ecosystems: Hatching Growth ha sido publicado por la OCDE en 2026 dentro de la colección OECD Studies on SMEs and Entrepreneurship.
El informe analiza las tendencias actuales de incubación y aceleración, coaching, financiación, internacionalización, formación emprendedora, especialización y políticas públicas a partir de evidencia internacional y estudios de casos de diferentes países.
Puedes consultar el informe completo en la web de la OCDE: